Hoy todos somos Scott
Y lo que te rondaré morena: a las cuatro de la tarde ya había un espesor que alegraría a una foca y pasear por los alrededores de las Ramblas arrojaba imágenes dignas de Garmish-Partenkirchen.
"No puedo contactar con nadie, voy a salir y que sea lo que Dios quiera; envuélvame ese donut".Nos habíamos congregado a primera hora de esta jornada blanca que ha convertido Barcelona, lo que hay que ver, en domaine skiable, en la calle de Sostres, junto a las escaleras que conducen al parque Güell, vecinos, paseantes, turistas y transeúntes ocasionales, sobrecogidos por el frío y por el color del cielo, de un gris tundra preñado de copos y sombras de alces.
Refugiados en los portales mirábamos al cielo apretándonos mucho unos contra otros -especialmente el lampista contra el grupito de italianas- mientras brotaba un vaporcillo de nuestras ropas húmedas."Qué bonito", se extasió una joven que había salido a pasear al perro, un infame bastardo que, en la mañana canadiense, creía ser samoyedo, kamutik, malamute o husky con la misma falta de sentido de la realidad que yo imaginaba ser sargento de la policía montada.
Me imaginé descendiendo por la calle Verdi en una exhalación de polvo cristalino, en medio de una estampida de hombres y perros enfebrecidos por el oro color de mostaza de las minas del Yukón, esquivando caribués.
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http://www.elpais.com/articulo/cultura/Hoy/todos/somos/Scott/elpepucul/20100308elpepucul_11/Tes